La transición energética es necesaria e inevitable. Pero pretender que será indolora, rápida o barata es una fantasía que solo sirve para generar frustración cuando la realidad se impone.
Los números son claros: descarbonizar la economía global requerirá inversiones de entre 4 y 6 billones de dólares anuales durante las próximas tres décadas. ¿De dónde saldrá ese dinero? ¿Quién pagará los costos de la transición en las comunidades que dependen del carbón, el petróleo y el gas?